Instrucciones para comer morcilla


Cuando la carne escasea y la anemia amenaza, bueno es comer morcilla; y si por ser de tripa y coágulos le da remilgo, le animo recordandole que hasta Homero la cita en la Odisea.
Una vez cumplida las condiciones de calidad relativas a su procedencia debe seguirse las siguientes intrucciones para degustarla con deleite:
En el plato la morcilla debe conservar su forma en rodajas, por eso prefiera la de tripa delgada ya que la gruesa se desparrama como una "cagalera", así le llaman en Antioquia y tampoco suena bien rellena. Verifique que una vez frita tenga un brillo de aceite que revele su frescura y su calor. Nunca coma morcilla fria ni en la más hambrienta desesperación.
La morcilla debe abrirse como un botón en los estremos, como disponiendose para la mordida. No se tome con la mano ni otro utensilio que no sea el tenedor, cuyas púas deben advertir al paladar los jugos. Una vez en la boca no se tome prisa en engullirla, descubra el inigualable sabor de la combinación de sus ingredientes: arroz, manteca, cebolla y sangre. Acompañese con arepa, siempre caliente y pasese con una botella de carta roja.
En la Calle Rial, la carrera 20 del parque hacia La Vuelta de Rionegro, se encuentran unos buenos comederos de morcilla. De los otros guisos se hablará en su momento.
Para más información visita este enlace:http://www.homohabitus.org/cocina/?p=50

Ventana para triniar


La ventana en La Ceja, a más de servir para que entre el viento y el sol, sirve para asomar la cabeza a la calle y conjugar el verbo triniar, exclusivo de estos lares.
Triniar consiste en acechar a paseantes y vecinos sobre particularidades en las que la prudencia no debiera inmiscuirse. La observación de la trina es minuciosa en levantar datos y detalles que permitan armar un enredo. No debe juzgarse mala voluntad en este espionaje, ya que suelen practicarlo nuestras propias madres, tías y abuelas. Vicio impune que por demás viene desapareciendo con ellas.
La ventana arrodillada tiene un diseño que complace la conjunción entre lo público y lo privado. Es una obra puesta al servicio de lo cotidiano, un artefacto del claroscuro. Aunque tuvo su origen y su marco en las gruesas y altas tapias, debe ajustarse a las nuevas proporciones y enfrentar su artístico diseño de mirador, contra el vano frio de vidrio con metal.
Dejar desaparecer en La Ceja este tipo especial de ventana, es dejar de conjugar un verbo exclusivo de nuestra cultura y de paso enterrar un mórbido oficio de cejeño viejo.