
Cuando la carne escasea y la anemia amenaza, bueno es comer morcilla; y si por ser de tripa y coágulos le da remilgo, le animo recordandole que hasta Homero la cita en la Odisea.
Una vez cumplida las condiciones de calidad relativas a su procedencia debe seguirse las siguientes intrucciones para degustarla con deleite:
En el plato la morcilla debe conservar su forma en rodajas, por eso prefiera la de tripa delgada ya que la gruesa se desparrama como una "cagalera", así le llaman en Antioquia y tampoco suena bien rellena. Verifique que una vez frita tenga un brillo de aceite que revele su frescura y su calor. Nunca coma morcilla fria ni en la más hambrienta desesperación.
La morcilla debe abrirse como un botón en los estremos, como disponiendose para la mordida. No se tome con la mano ni otro utensilio que no sea el tenedor, cuyas púas deben advertir al paladar los jugos. Una vez en la boca no se tome prisa en engullirla, descubra el inigualable sabor de la combinación de sus ingredientes: arroz, manteca, cebolla y sangre. Acompañese con arepa, siempre caliente y pasese con una botella de carta roja.
En la Calle Rial, la carrera 20 del parque hacia La Vuelta de Rionegro, se encuentran unos buenos comederos de morcilla. De los otros guisos se hablará en su momento.
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