Cinema Peluquero


La importancia de un barbero en la moral de un pueblo de tradición católica está casi a la altura del cura, y para esto invoco los amigos del Quijote. ¿Qué decir si ese barbero o peluquero es el mismo proyeccionista de cine? Ah! inevitable no recordar "Cinema Paradiso".
La época dorada de la exhibición de cine en nuestro pueblo está asociada a la persona de Gildardo el peluquero que alternaba el corte de pelo con el corte de escenas inmorales; hágase de cuenta el escrutinio, con la frecuente sentencia de la hoguera, de la librería del capítulo VI del Quijote.
Realmente las películas venían ya marcadas con un tipo de censura, pero la decisión final la daba el cura de turno, previa observación en goce solitario; ésta mojigatería explica mucho nuestro solapado erotismo. Eventualmente se cortaban unas escenas y esas cintas quedaban para que un curioso voyerista reconstruyera otra historia en su imaginación, que de paso rendiría tributo a San Onám: "¡Ah deliciosa fruta prohibida, sólo tu tentación es divina!"
Historias del celuloide, historias de peluquería, mil y una historia ha visto, oído y sigue contando con agrado Don Gildardo.

La fuerza de la tradición


La semana santa dió muestra de la constancia de las tradiciones en La Ceja. Las procesiones han sido el evento distintivo para convocar, en las calles y en las plazas multitud de personas y, más aún, de familias enteras. De todas el mayor teatro dramático es el viacrusis.

La participación de la población varía de la novelería a la indiferencia, de la expectativa al fervor sincero. Pero ante todo el carácter distintivo lo da la gente sencilla, los humildes que bien entienden del dolor, por ser una cuestión que padecen en su propio cuerpo y no un tema para el regodeo intelectual.

Para los sabios el teatro sublime y cerebral que descifre al hombre, para los humildes el teatro de su tragedia diaria y milenaria que promete una liberación. Pero la procesión se lleva por dentro. Recrear las estaciones es pensar en los trabajos para cargar, como una cruz, con las obligaciones de un hogar, de ayudar a aliviar, como el cirineo, los impedimentos de un minusválido, de consolar, como Verónica, el dolor de un enfermo.